Recuerdo la tremenda impresión que me produjo cuando era bastante jovencito la visión de la película que se filmó basándose en este libro. Robert Mulligan adaptó para el cine en 1972 la novela escrita por Thomas Tryon (1926-1991) tan solo un año antes. Un libro que también sorprendió al afamado Stephen King y le animó a convertirse en escritor, sobre todo, de novelas de terror. La película quizá ha pasado desapercibida por muchos amantes del género, pero el libro se convirtió en un best-seller de inmediato.

El otro es un relato deslumbrante por la delicada sucesión de acontecimientos. En el verano de 1935, en un tranquilo pueble de Nueva Inglaterra están sucediendo una serie de acontecimientos trágicos que nadie es capaz de explicar ya que, aunque pareciendo accidentes, su elevada frecuencia resulta sospechosa. Al margen de cualquier drama, Holland y su hermano gemelo Niles disfrutan de su vida infantil con sus juegos en el campo y en la granja. Aunque ambos tienen una peculiaridad: son capaces de leerse mutuamente el pensamiento uno a otro. Sus juegos telepáticos dejan en evidencia la diferencia de carácter de los gemelos. Mientras Holland es sarcástico e introvertido, Niles se muestra agradable y generoso, despertando afectos y recelos entre quienes les rodean, que se muestran más cercans a uno que a otro.

El otro es una de esas historias de las que no se pueden contar demasiados detalles a riesgo de destripar la emoción que llega a transmitir. Aunque sí es importante destacar la atmósfera bucólica que parece alejarse de cualquier novela (o película) de terror, a excepción, quizá, de otra obra maestra, Picnic en Hangin Rock, escrita por Joan Lindsay en 1967 y también publicada en Impedimenta.

En El otro parece no pasar nada, pero, poco a poco, el terror más inesperado, psicológico y escalofriante va haciéndose presente en la historia. Un ambiente acogedor, veraniego y como de festivo juego de niños se acaba convirtiendo en oscuro, sobrecogedor y siniestro. Una historia con dos angelicales e inquietantes niños que acaba convirtiéndose en una pesadilla que se convierte en un joya del género, llena de poesía y tremendamente diferente a lo habitual.

Además de la atractiva novela de Tyron, tensa, lírica, obsesiva, diabólica… que es perfecta para pasar muy buenos-malos ratos con su lectura, no puedo dejar de reivindicar esa otra pequeña obra maestra que fue la adaptación cinematográfica de Mulligan, fiel a la narración y con el mérito de lograr el mismo difícil paisaje emocional, la misma atmósfera tensa y misma la sorpresa inesperada del libro.

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