«Los estereotipos y los prejuicios que impiden a las mujeres avanzar son ‘más sutiles’ que en el pasado»

El empoderamiento de la mujer no es una moda. Surge de la necesidad de dar visibilidad a una problemática que en muchos ámbitos profesionales, sigue existiendo. Techos de cristal, diferencias salariales, conciliación… son algunos de los principales retos a los que se han enfrentado las mujeres en el entorno laboral a la hora de alcanzar puestos de responsabilidad.

Sin embargo, el sector de la publicidad, el marketing y la comunicación cuenta cada vez con más profesionales mujeres, desde directivas hasta emprendedoras que, a través de esta sección especial que lanzamos dedicadas a ellas, hablan de su experiencia en este sentido. Hoy le toca el turno a Minerva Piquero, directora de comunicación de Sygris. ¡No te la pierdas!

¿Cuáles han sido los principales escollos que ha tenido que superar para llegar hasta su actual puesto de trabajo?

¿Sinceramente? Ahora mismo ninguno relacionado con mi género. Pero en mis comienzos profesionales fueron muchos. Ser mujer, joven y con cierto atractivo siempre fue un hándicap. Necesitaba mucho esfuerzo, energía y frustración conseguir que vieran algo más en mí que el físico o mi sexo. Siempre tuve que luchar contra estereotipos machistas. Lo que a un compañero varón se le otorgaba por el simple hecho de ser hombre -su inteligencia, capacidades, habilidades técnicas, fuerza, determinación, liderazgo –   una mujer tenía que demostrarlo con creces. 

Decir que a una mujer le cuesta más alcanzar un puesto de responsabilidad, ¿es demagogia o totalmente cierto? 

Totalmente cierto. Aunque afortunadamente, cada vez menos. Los estereotipos y los prejuicios que impiden a las mujeres avanzar son «más sutiles» que en el pasado y, «posiblemente, involuntarios», pero continúan existiendo. En las empresas, los mandos de dirección siguen siendo gestionados en su mayoría por hombres.

Como en todas las crisis, en esta de la COVID, ¿vuelven a ser las mujeres el sector más vulnerable?

Es verdad que, en nuestra sociedad, en una gran mayoría de los núcleos familiares, aun son más las mujeres que cuidan directamente de los niños, ancianos, enfermos y dependientes, que los hombres; lo que ha supuesto un doble problema a la hora de conservar tu puesto de trabajo. Pero en el caso específico de la crisis que vivimos por la COVID-19 creo que ha habido otros grupos muy vulnerables a tener también en cuenta, como son los más jóvenes, en sus primeros trabajos, los trabajadores con alguna discapacidad y las personas mayores de 50 años, independientemente de su sexo. 

¿Ha notado algún tipo de discriminación salarial en los puestos en que ha desarrollado su labor profesional?

Absolutamente, aunque no queramos admitirlo, esa sigue siendo una realidad. Por alguna ley invisible y no escrita, en numerosos ámbitos profesionales y en determinados sectores, nuestro talento se valora menos en igualdad de capacidades y responsabilidades. 

¿Romper el llamado techo de cristal es posible o solo es un acto reservado a unas pocas?

¿Un acto reservado a unas pocas? ¡De ninguna manera! Somos las hijas de otras mujeres que han luchado muchísimo para que ahora nosotras estemos aquí. Ese legado conlleva una responsabilidad y un poder. El poder de seguir abriendo camino. Yo me esfuerzo cada día por no olvidar que el techo solo depende de mí. Yo decido. 

En su caso particular, la famosa conciliación familiar, ¿ha sido posible a costa de qué? 

En mi caso particular, e imagino como el de tantas otras mujeres y madres que trabajamos fuera de casa, a costa de sentir que no hacemos lo suficiente, a veces en el trabajo, y otras con la familia. Yo sé lo que duele llegar a casa cuando tus hijos pequeños ya duermen, acercarte a su carita en la cama y aspirar su olor, para luego sentir un nudo en la garganta. O salir corriendo de la oficina a medio día explicando que debes ir a atender a tu hijo porque está enfermo. Te vas con pesar, sintiendo que abandonas tus responsabilidades. ¿Pero sabes qué? Hoy mis hijos son los que más valoran mi esfuerzo. Me apoyan y se sienten orgullosos de mí. 

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