‘La Escoba de Ockham’

Pedro Herrero, Supervisor de Nuevas Tecnologías y Métricas de Equmedia, nos trae en exclusiva un artículo de opinión donde nos explica qué es ‘La Escoba de Ockham’. ¡No te lo pierdas!

Foto de Pedro

Estoy seguro de que, si nombro “La navaja de Ockham”, a todo el mundo le suena haberlo escuchado en alguna ocasión. Sin embargo, si tenéis la misma memoria que yo, puede que no recordéis en qué consiste. Este principio económico se suele enunciar como: “La explicación más sencilla suele ser la más probable”.

Realmente es algo maravilloso y que, además, es fácilmente comprobable en nuestro día a día. Por ejemplo, si has comprado una tableta de chocolate y, al día siguiente, encuentras el envoltorio vacío en la basura ¿Qué puede haber pasado?:

  1. Alguien de tu casa se lo ha comido.
  2. Han bajado unos extraterrestres de Ganímedes y han usado el chocolate como combustible para poder volver a su planeta.

Por mucho que la segunda haría nuestra vida aún más interesante (aunque, quizás, ya no nos sorprendería tanto como si pasase hace dos años) lo más probable es que haya ocurrido el primer punto.

De cara a analizar y sacar conclusiones sobre cualquier tema, el principio de la “navaja” nos sirve para descartar todo aquello que se aleja de la realidad y en lo que no debemos perder el tiempo analizando. Creo que se podría llegar a simplificar como: “pongamos un poco de sentido común”.

Pero, atención, porque este principio tiene dos grandes problemas y que tienen que ver con el método científico, por un lado y con la psicología, por otro.

El método científico alarga el principio y dice que, aunque la explicación más sencilla es más probable que sea correcta, realmente no tiene porqué ser cierta. 

Además, ¿cómo podemos definir qué es lo más sencillo? Si a mí me sale un pequeño bulto en el brazo, puedo pensar que es un picotazo, porque para mi conocimiento es la explicación más sencilla. Pero lo mismo un médico ve ese mismo bulto y me dice que es una pequeña bolsa de líquido, descartando mi “opción sencilla”, simplemente porque tiene un mayor conocimiento sobre el tema y puede valorar que ese bulto no cumple las características de un picotazo.

Por tanto, aunque la opción más simple suela ser la acertada, hay que tener muy en cuenta quién ha valorado las posibilidades y cómo de experto es en el tema a tratar.

Y esto nos lleva directamente al problema que señala la psicología y que hay quien lo denomina “la escoba de Occam”. Lo que viene a decir es que somos humanos y, por tanto, barremos debajo de la alfombra todo aquello que se aleja de nuestra lógica. En definitiva: creemos lo que queremos creer… O, lo que es peor, queremos hacer creer al resto lo que nosotros creemos.

Todo esto puede generar un bucle peligroso, porque:

  • Para saber qué está pasando, necesitamos a alguien especialista.
  • Aunque ese especialista puede tener intereses propios.
  • Entonces, podemos utilizar la lógica para comprobar las conclusiones.
  • Pero también es posible que nos falte información… Y, por eso, necesitábamos un especialista.

Entonces, ¿no hay solución?. Por supuesto. Lo primero es tener confianza en los especialistas, pero también observar cada análisis con un ojo crítico. 

Además, hay que tener en cuenta que la lógica nos ayuda, pero, si nos presentan pruebas de lo contrario, quizás la “navaja” se ha equivocado en esta ocasión”.

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