Entrevista en exclusiva a Pilar Domínguez, Cofundadora, Directora Creativa y de Estrategia en Mandarina Brand Society

“Cualquier crisis afecta más a los eslabones más débiles de la cadena”

¿Cuáles han sido los principales escollos que ha tenido que superar para llegar hasta su actual puesto de trabajo?

«Pues me imagino que para todas es una mezcla de escollos externos con retos internos. Todo se entremezcla.

El primer reto es formarse, y no dejar nunca de hacerlo. No perder la ilusión ni la curiosidad para descubrir nuevos enfoques, nuevas maneras de ver lo que está establecido en cualquier ámbito o disciplina. Ser crítica y hacerse preguntas que te lleven a nuevos puertos que quizás ni imaginabas y ser valiente ( y a veces un poco loca) para seguir tu intuición. 

Otro gran reto es sentir que puedes hacer lo que te has propuesto, verte capaz y capacitada, vencer a la impostora que llevas dentro y que muchas veces te hace la jugarreta de minimizar tu propia valía. Detectar tus miedos y minimizarlos con las grandes virtudes y capacidades que todas atesoramos. 

Y si tengo que decir un tercero creo que sería escucharse a una misma, siempre. No dar tanta importancia a las opiniones externas y dibujar tu propio camino sabiendo que no siempre va a parecerle bien a tu entorno, personal o laboral. No es ser egoísta, es poner en valor tu propio proyecto vital». 

Decir que a una mujer le cuesta más alcanzar un puesto de responsabilidad, ¿es demagogia o totalmente cierto?

«Demagogia es dudar sobre este asunto. Las cifras están ahí, no es algo que digamos muchas, sino datos y realidades que refrendan esta situación».

Como en todas las crisis, en esta de la COVID, ¿vuelven a ser las mujeres el sector más vulnerable?

«Cualquier crisis afecta más a los eslabones más débiles de la cadena. Aunque vamos avanzando poco a poco, las mujeres seguimos lastrando de manera aún muy importante con el tema de los cuidados y la carga mental de gestionar una casa y a veces de gestionar nuestro propio negocio. El COVID difuminó la línea entre hogar y trabajo y esa convivencia ha sido crítica para muchas mujeres.

Otro gran tema es el de las habilidades tecnológicas. Creo que hay una nueva estratificación social, una nueva brecha, en base a este criterio: una nueva clase alta, con formación y altas habilidades tecnológicas, y una clase más baja donde estas habilidades son mínimas o precarias. La gente mayor se ha visto muy afectada por esto, pero también muchas mujeres». 

¿Ha notado algún tipo de discriminación salarial en los puestos en que ha desarrollado su labor profesional?

«Discriminación salarial sobre mi persona, no. Y como responsable de contratar miembros de equipos, tampoco la he ejercido».

¿Romper el llamado techo de cristal es posible o solo es un acto reservado a unas pocas?

«Los techos de cristal están para romperlos, todos y cada uno de ellos. Vivimos en un circo de pulgas y nos han hecho creer que no podemos saltar hasta cierta altura, pero todo pasa por ser consciente de que con mucha preparación y un poco de ilusión puedes lograr pasar los límites que otros habían impuesto. Todas tenemos una capacidad en la que destacamos, en la que brillamos e iluminamos a los que están a nuestro alrededor, simplemente tenemos que poner un poco de interés en detectarla, trabajarla y empujarla, sintiéndonos libres intentar llegar allí donde consideremos que debemos estar, esa decisión no puede nunca depender de otra persona que no seamos nosotras mismas. Pero también somos seres sociales y por eso considero que, como sociedad, tenemos la responsabilidad de generar el contexto, la cultura y una educación que permita que eso suceda».

En su caso particular, la famosa conciliación familiar, ¿ha sido posible a costa de qué?

«La conciliación es el gran timo de la estampita de estos tiempos, un unicornio. Conciliar efectivamente todos los aspectos de una vida creo que es muy complejo, por no decir imposible, y es la nueva exigencia con la que nos autoflagelamos. Supongo que los límites son importantes y ayudan a definir fronteras entre diferentes aspectos de tu vida, pero hay que tener claro que elegir también es renunciar. El problema es que esta neolengua que manejamos parece no llevarse bien con que no seamos supermujeres perfectas que llegan a todo, y muchas veces el entorno social y laboral tampoco. 

Me parece genial que quien así lo decida, se quede en casa para cuidar de la familia o la priorice, como me parece igual de bien lo contrario, creo simplemente que no debemos juzgarlo, siempre y cuando esa decisión se haya tomado libremente. Lo que me preocupa es que, como sociedad, no tengamos una manera de remunerar esa función de los cuidados que damos por sentada y que, mayoritariamente aún, recae sobre las mujeres, por herencia cultural y porque la desigualdad salarial hace que se escoja renunciar al sueldo más bajo. Quien decida quedarse en casa o reducir su jornada para cuidar su entorno, debería tener garantizada una independencia económica, porque ejerce una labor fundamental en el entramado económico y social. Esa libertad económica es clave a la hora de tomar decisiones a futuro y carecer de ella nos hace dependientes de otras personas y, en consecuencia, vulnerables. También creo que esa experiencia vital y personal tiene un alto componente de desarrollo de capacidades y soft skills muy beneficiosas para el ámbito laboral (gestión, negociación, administración, etc.) que luego no se tiene en cuenta en el currículo. Sigue siendo un lastre, y eso es otra cosa que debe cambiar en los entornos de empresa.

Creo firmemente en la corresponsabilidad, en reparto de tareas y responsabilidades y en complementarse unos a otros, en casa y en el trabajo. Probablemente ni aún así llegaremos a todo, pero es que igual debemos abandonar ese objetivo de perfección, empujadas por este sistema que nos necesita las 24 horas del día agobiadas por no ser lo que nos dictan. Perdonarnos el no ser perfectas, reírnos un poco de nosotras mismas, abrir una botella de vino y brindar por nuestra maravillosa y natural imperfección. Quien nos quiera, brindará con nosotras». 

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