La digitalización acelerada provocada por la pandemia lo ha cambiado todo

El Informe ‘Impacto COVID-19 y Consumo Consciente. ¿Cuáles son las tendencias y la evolución del consumo responsable y sostenible?‘, impulsado desde 21gramos y Marcas con Valores en colaboración con la Asociación Española de Directivos de Responsabilidad Social (DIRSE) y B Lab Spain, fue presentado en un evento online que congregó a más de 250 personas. 

La fuerza latente de la consumocracia –que entiende el consumo como herramienta de transformación social– se constata como una de las principales conclusiones del Informe, que apunta que la admiración por un consumo consciente prevalece a pesar del contexto pandémico: el 84 % de los consumidores admira a las personas que consumen con conciencia, dos puntos por encima que en 2020. El consumidor-ciudadano ha madurado, asume su responsabilidad y prefiere productos sostenibles y éticos, pero, pese a esto, los datos extraídos evidencian que las marcas no logran conectar con esas aspiraciones: cuando los ciudadanos se enteran de las iniciativas sociales o medioambientales de las marcas, solo un 8 % de ellos se las cree, la mayoría necesita pruebas y un 20 % directamente desconfía.

Cuidar el medioambiente es, tras el comportamiento ético y la gestión de los datos, el aspecto más relevante para los ciudadanos en sus marcas del día a día. Sin embargo, los expertos consideran que sus clientes valoran mucho más si se preocupan por el entorno cercano, si son dialogantes y abiertos con la sociedad o si apoyan colectivos desfavorables; rankings diferentes que evidencian la falta de pulso de los expertos hacia las expectativas reales de la ciudadanía.

Casi 8 de cada 10 españoles siguen declarando que le influyen en la compra los valores de honestidad, coherencia, transparencia de las marcas. El Informe hace evidente que cuando las marcas reconocen sus imperfecciones y dilemas, logran generar confianza en el consumidor.

La covid ha sacudido nuestras escalas de valores y ha colocado la sostenibilidad en un lugar prioritario. Frente al consumo excesivo, se abre paso un consumo más meditado.

Parece que el hiper consumismo heredado desde los años 80 y 90 ha tocado techo y que la sociedad se ha empezado a desprender de la publicidad emocional que incentiva el consumo: solo 4 de cada 10 ciudadanos manifiestan que comprar les produce felicidad (en 2020, eran casi 6 los que manifestaban esta opinión). 

La digitalización acelerada provocada por la pandemia lo ha cambiado todo: desde nuestra forma de relacionarnos con la tecnología hasta el valor que le damos a los datos. La generalización del teletrabajo, el auge del comercio digital o la evidencia de las brechas digitales, están propiciando un momento de reflexión profunda sobre los retos, las oportunidades y las líneas rojas del avance tecnológico. Así lo demuestran los datos: al 92 % de los ciudadanos le interesa la gestión ética de las marcas respecto al tratamiento de sus datos y el 38 % busca activamente información sobre ello.

Además, aunque los ciudadanos, mayoritariamente, se decantan por premiar a las marcas que lo hacen bien en términos de desempeño sostenible y ético (una práctica denominada como buycot que alcanza un 59 % en términos generales), el 48 % boicotea o evita comprar una marca si esta hace un mal uso de los datos, lo que convierte a este aspecto en el tercero más castigado en la elección de compra, superado solo por el respeto al medioambiente y el cumplimiento de obligaciones fiscales.

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