‘Un cambio más, por favor’

Manuel Alcántara, Supervisor creativo en Parnaso, nos trae en exclusiva un artículo de opinión en el cual explica el valor del cambio en el mundo de la publicidad. ¡No te lo pierdas!

Ya lo decía Alvin Toffler: “El cambio no solamente es necesario en la vida, es la vida misma”. Un cambio que en el mundo del diseño se vuelve el pan nuestro de cada día, acechando a quien, cada mañana, con sus dotes y herramientas se embarca como buen estratega en el océano de la creatividad. Y es que, aunque pase desapercibido para unos y no sea valorado por otros, si hay dotes que deben aflorar en un buen creativo son las de estratega. Un estratega capaz de sentar las bases de una auténtica revolución que tiene en las marcas sus mejores y más claros aliados. 

La marca. El claro punto de partida. ¿Debe permanecer una marca inamovible en el tiempo? ¿Puede permitirse una marca la licencia de obviar la evolución de la sociedad y hacer oídos sordos a nuevas tendencias? ¿Es que una marca no ha de buscar nuevos horizontes y acercarse a públicos que, quizás en sus orígenes, ni siquiera imaginó? A pesar de que los cambios suelen ser el principal azote de todo creativo, éstos son necesarios y han de ser entendidos como una oportunidad clara y férrea de avanzar, de evolucionar, de triunfar. Cambios, eso sí, acordes con unos objetivos claros, precisos, bien definidos; en definitiva, unos objetivos estratégicamente construidos y no basados, únicamente, en el gusto o disgusto por formas y colores determinados. 

Cambios que, en los últimos años, están dando forma a perfectas campañas de branding en las que el logotipo de una marca se convierte en epicentro de todas las miradas. Logotipos que forman parte de nuestras vidas desde hace décadas y que, a pesar de ser el espejo de marcas plenamente consolidadas en el mercado, ven en los cambios una clara oportunidad de futuro. Y es así como, sin prisa, pero sin pausa, comienzan a despojarse de sus vestiduras enfundándose en nuevas formas que –en unas ocasiones más sutiles que en otras- buscan seguir generando valor y creando significado sin perder de vista el futuro. Benditos restylings que dan forma a una realidad que, en pleno siglo XXI, muchas marcas han decidido tejer tomando como base un denominador común: el pasado. ¿Es posible aunar el pasado con el futuro a la hora de abordar el rediseño de un logotipo? Peugeot, McDonald´s o la Juventus de Turín son solo ejemplos de marcas que han buscado en trazos de antaño el secreto para, por un lado, seguir fidelizando a sus clientes y, por otro, abrir sus brazos a un público que, por sus características, nunca habían imaginado encontrar un hueco en ese universo. Un universo en el que pasado y futuro se convierten en ingredientes perfectos de una mezcla explosiva a la que, en muchas ocasiones, el público asiste perplejo sin entender que todo, como ya hemos apuntado anteriormente, corresponde a una estrategia perfectamente orquestada. Y en medio de esta vorágine, las voces “entendidas”, que utilizan los medios de comunicación especializados en el sector como altavoces perfectos para, en ocasiones sin darse cuenta, crear auténticas corriente de opinión que, como ocurriese en la aparición del restyling del logotipo de Correos, se termina convirtiendo en la mejor campaña de publicidad de una marca. ¿Casualidad o pura estrategia? “Que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí (…)”, ya lo decía Salvador Dalí. 

El cambio es una constante en nuestras vidas y las marcas tampoco son ajenas a esta realidad. No se trata de cambiar por cambiar; se trata de cambiar para crecer, para caminar con paso firme y seguro a un futuro en el que, como marca, sigamos estando presente. Es cierto que, de la misma manera que no lo es para el ser humano, para una marca, en ocasiones, no es sencillo apostar por ese cambio –que incluso la sociedad espera de ella- y abandonar esa zona de confort construida durante años. Pero es, sin duda, la única solución para continuar. Vivimos en una sociedad que cambia y evolucionar a un ritmo frenético del que no podemos –ni debemos- aislarnos; un ritmo frenético del que las marcas son parte y forman parte y del que, por mucho que les cueste, tienen que seguir viviendo. Ahora es el momento. Sin miedos. Sin desconfianza. Sin recelos. Aplaudamos el cambio”.

- Contenido relacionado -