‘Si un árbol cae…’

Pedro Herrero, Supervisor de Nuevas Tecnologías y Métricas de Equmedia, nos trae en exclusiva un artículo de opinión donde explica, desde su particular visión, la relevancia del sonido en el mundo del marketing. ¡No te lo pierdas!

Vamos con un clásico. Una de esas preguntas que surgen en una conversación con amigos y cervezas en ese momento en el que habéis entrado en un modo de “nos reímos de todo”: “si un árbol cae en un bosque donde no hay nadie ¿hace algún sonido?”

Es curioso. Siempre había dado por supuesto que era una pregunta sin sentido. Es posible que no lo podamos demostrar, como tampoco podemos asegurar que el Sol saldrá mañana, pero la experiencia y la lógica nos dicen que en su caída el árbol chocará con ramas de otros o, como mínimo, tendrá que producir algún sonido al impactar contra el suelo. Y sin embargo no es así.

Resulta que la palabra “sonido” no está definida como el movimiento de partículas que se genera al tocar una cosa con otra. Según la RAE, el sonido es una “sensación producida en el órgano del oído por el movimiento vibratorio de los cuerpos, transmitido por un medio elástico, como el aire”. Entonces, por la propia definición, es imposible que haya sonido si no hay nadie que lo oiga.

Es posible que, si habéis llegado hasta aquí, antes de seguir leyendo este artículo os habréis preguntado si estáis frente a una publicación sobre publicidad o si habéis cogido una de filosofía. 

La verdad es que esta definición de la RAE sobre lo que es el sonido es muy fácilmente aplicable al mundo del marketing. Llevamos tantos años escuchando lo importante que es concretar del mensaje que se quiere transmitir o la frase “el contenido es el rey” que ya suenan hasta pasados de moda.

Sin duda, el mensaje es fundamental. De hecho, sin él no hay forma de que los usuarios o clientes potenciales puedan entender por qué necesitan un producto. Tu mensaje puede ser maravilloso, pero si lo proyectas en un bosque deshabitado nadie se va a enterar y estarás echando a perder una valiosa oportunidad que tenías en tus manos. Por lo tanto, el mensaje es necesario, pero también necesitas disponer de un medio relevante a través del que contarlo.

Alguien puede levantar la mano en este momento y decir “¿y qué pasa con las acciones virales?”. Efectivamente, de vez en cuando una pequeña acción llega más allá de su entorno inmediato, pero las que realmente trascienden de forma orgánica son muy pocas. Siguiendo con el mismo ejemplo del árbol, podría ocurrir que se produjera una acción espectacular en la que un árbol cae y de casualidad un excursionista se encontrará con ello, pero es que también se tiene que sentir asombrado de la acción para que quiera contárselo a sus amigos y que a estos les parezca tan interesante como para amplificarlo a otros.

Ahora bien, ¿y si colocamos ese “árbol cayendo” en un sitio específico? ¿y si buscamos el bosque donde van los aficionados a las coníferas? ¿y si precisamente hacemos que el árbol sea especialmente llamativo? ¿y si el árbol cae cerca de un paso habitual de senderistas en hora punta?. Pues si una acción cumple todo estos condicionales será mucho más probable que llegue a hacerse viral.

Y si en lugar de un bosque hablamos de “medios” en su más amplio espectro y en vez de árboles hablamos de campañas o creatividades… la respuesta a todas (o varias) de estas preguntas se responden analizando targets, medios y consumos.

En definitiva, tengas una campaña más llamativa o menos, necesitas a un equipo con experiencia y conocimiento que sepa cómo proyectarlo para que realmente el mensaje llegue a alcanzar todo su potencial.

No vaya a ser que tu árbol caiga sin hacer ningún tipo de sonido”.

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