“Los cincuenta son perfectos para volver a enamorarse”

José María Prieto (@josemprieto) de Smilebrand, nos trae una nueva entrega de la sección “13 Selfies”, una sección-disección de trece directores de marketing en su lado más humano. En esta ocasión entrevista a Alejandro Zunzunegui, Chief Transformation Officer de Sanitas.

ALEJANDRO ZUNZUNEGUI (A.Z.): Antes de empezar… me gusta lo del 13. Yo nací un 13 de febrero, soy de una familia de 13 hermanos, no te puedo decir mis contraseñas (risas…) y estoy convencido de que el 13 es el mejor día del mes.

Y además son las 11:13h (esta entrevista se realiza exactamente a esa hora)
A.Z.: Así es… (Risas de nuevo) Por cierto, publica esta entrevista de “tú”, no de “usted”

Sois trece hermanos. Todos los nombres de los chicos empiezan por A. ¿Alergia al abecedario, superstición, o tus padres tenían mucha imaginación?

A.Z.: La tesis de casa es que “el jefe” tenía dos motivos. Todos somos AZR. Mi padre también era AZR, Alfonso de Zunzunegui Redonet. Y nosotros Zunzunegui Ruano. En aquella época, Loewe regalaba unas agendas de piel pequeñitas a sus clientes con sus iniciales. Y en cuanto llegaban a casa, mi padre nos las pasaba inmediatamente. Además, heredábamos todas sus camisas. Así que en camisas y agendas se ahorró una pasta y le salió bien (risas). La verdad es que nunca lo supimos. Nunca se lo preguntamos.

¿La saga continúa?

A.Z.: En mi caso sí. Tengo tres hijos, Alejandra, Adriana y Alfonso. Mis hermanos no, porque además ya no quedan nombres…pero mira, los que tienen niños, casi todos tienen un varón con A. Además, yo les he pedido a mis hijas que si pueden seguir haciéndolo, que lo hagan, algo en lo que no confío mucho (sonríe).

Aunque digamos que no, todos tenemos un refrán de cabecera. ¿Cuál es el tuyo?

A.Z.: Esto puede quedar cursi, porque es en inglés. Dice: When you come to your desk, eat the frog first. Ese es mi dicho. Nos lo enseñó nuestro padre. A los problemas no hay que darles la espalda sino ir de cara a por ellos. Digamos que lo he hecho un poco el lema de mi vida.

Parece que todo lo que se desarrolla en comunicación, estrategias y metodología, esté inventado por americanos. ¿El inglés es mejor idioma?

A.Z.: No estoy de acuerdo. No todo lo inventan los americanos. Lo que sí hacen es potenciar y explotar muy bien los conceptos que están en el mundo. Las tecnologías Agile no las inventan los americanos, las metodologías Lean o el movimiento de Transformación digital tampoco surgen allí… Pero tienen mucho dinero, gente muy brillante y educada de una manera diferente. Ven sentido en la innovación y en dedicar tiempo y recursos para eso. Son una especie de incubadora de innovación sin necesidad de haberla creado.

Con Spotify premium, ¿qué música ponemos?

A.Z.: Te voy a ser sincero: Malú. Más concretamente la canción de Antonio Orozco y Malú “Devuélveme la vida”. Tengo ese punto (risas). Hasta he conseguido que mis hijas sean fans de Malú y Antonio Orozco.

Y si te haces del Plan Familiar y te sobra una cuenta, ¿a quién le regalarías música?

A.Z.: Puede sonar cursi de nuevo, pero se la regalaría a mi madre, que no vive. Nos gustaba la misma música. Recuerdo que íbamos al cole en un Land Rover de los de banqueta detrás e íbamos escuchando María Dolores Pradera (me las sé todas), música flamenca, Los Panchos.

Los 50 son la edad perfecta para…

A.Z.: Para todo. Tengo 54. Hoy he escrito a un amigo que era su cumpleaños y le he dicho “Bienvenido a esta edad, aparentemente elevada, en la que se vive de puta madre”. Creo que el mundo está un poco al revés. Con una esperanza de vida de más de 80 años, la sociedad está desechando activos a los 55, 56.. cuando realmente tienes gente con forma física suficiente, experiencia, poso, tranquilidad a la hora de afrontar los problemas. ¡Y además algunos son excepcionales! Los 50 son perfectos para volver a enamorarse, para reencontrarte con tus hijos, para tener un desarrollo profesional intenso y todo eso me ha pasado. Y si me ha pasado a mi, le puede pasar a todo el mundo. Va de actitud.

Veo que compartimos el gusto por calcetines distintos. ¿por qué lo haces? (Lleva unos calcetines morados de rayas).

A.Z.: Probablemente es el único sitio en el que puedo seguir siendo un poco rebelde. Y además todos los días. Me gusta desde pequeño. Y, no sé por qué, me gusta que la gente se dé cuenta.

Dime, con quién te gustaría compartir una comida, café, copa y puro… ¿Y de qué hablarías?

A.Z.: Con mi padre. De todo lo que no hablé en sus ochenta y pico años que vivió y mis casi 50. Siempre he sentido admiración por él. Fue una persona pionera en lo que hizo, muy innovador, disruptivo y transformador, incluso de la sociedad. Y ahora es cuando veo el valor que podría quedarme de él. Esa es la comida que tengo pendiente.

Tus dos mejores amigos se dedican a…

A.Z.: Uno es abogado. Y el otro, curiosamente, es abogado (muchas risas).

Digamos que 2018 es un buen año para…

A.Z.: Para seguir creciendo con Alicia, que es la mujer con la que comparto la vida. Y profesionalmente, para seguir transformando y aprendiendo. Tengo que hacer cosas diferentes y es un buen año para aprender y madurar.

Mi padre me dijo que si un día salía mal, lo mejor era quedar con un amigo y abrir una buena botella de vino. Compléteme el consejo. ¿Qué vino?

A.Z.: Depende de con qué amigo estés. Ábrele el que le guste a él.

Y puestos a dar consejos, si tuvieses que dar uno sólo a tus hijos, sería… 

A.Z.: El tópico más tópico: que sean felices, que no hagan nada que no les haga felices. Que sean ellos. Y que tampoco escuchen a tanta gente. A su edad todo el mundo les da consejos. Escuchar está bien, pero no es necesario estar pendientes de todo lo que dicen los demás.

Si el futuro es lo más apasionante que tenemos por delante, ¿por qué nos empeñamos en hablar del pasado?

A.Z.: Del pasado hablo poco. Supongo que la gente lo ve como un concepto patrimonial y cree que su patrimonio es su pasado. Y lo que hace es gestionar su pasado. Siempre digo que el pasado es lo que me ha traído donde estoy ahora. Y mientras me guste donde ahora estoy, pues perfecto.

¿Eres cocinitas?

A.Z.: Hubo un momento de mi vida en que creí que sí, pero la realidad es la contraria. Llegué a montar una cena con mis amigos. Estuve cocinando como dos o tres horas con la suerte de tener debajo un Supercor. Media hora antes de la cena, descubrí que aquello no se lo podía comer nadie. Bajé, compré jamón, queso… y una crema a la que añadí un poco de pimienta y nata y dije que la había hecho yo (muchas risas).

Por estas cosas de la vida, hoy va y te toca el Euromillones. ¿El dinero da la felicidad?

A.Z.: No, te lo aseguro. Si me tocara el Euromillón, haría una imposición a plazo fijo que fuera directamente a mis hijos el día en que me muriera. Ni lo tocaría. No me compraría nada.

Algo de lo que estés orgulloso… 

A.Z.: De mis hermanos, de mis hijos, de mi pareja, de mi equipo, de nuestra amistad, de mis amigos…Y también de la capacidad de reinventarme.

Acabamos. ¿Cómo es el fin de semana perfecto?

A.Z.: Empieza el viernes a la hora de comer. Como con Alicia tranquilamente. No salir el viernes, jugar al golf el sábado por la mañana, comer con amigos el sábado… cine o paseo por la tarde… Y el domingo algo de deporte, comer con mis hijos los domingos (lo hago todos los domingos) y trabajar por la tarde. No sé si es el perfecto, pero es el mío y me va bien.