‘¡Levántate y compra!’

José María Prieto, Smiler & Founder de SmileBrand, nos habla en exclusiva para La Publicidad sobre cómo vivió, desde el confinamiento, el pasado puente de mayo y cuáles fueron sus sensaciones. ¡No te lo pierdas!

Foto de José María Prieto

Este año no es como todos. En el puente de mayo, nadie estuvo pensando en la playa, un rincón de la montaña, la escapada al pueblito o donde escaparse. Mejor dicho, pensando, sí. Pero todos nos quedamos en casa, menos los super héroes. Es a lo que estamos obligados y es lo que toca.

Fue el primer 1 de mayo, día del trabajo, en el que nadie salió. Por no trabajar, ese día no trabajaron ni esas personas a las que en esas fechas solemos pedirle una caña o acudir a sus restaurantes a celebrar con familias o amigos. Estuvimos todos en casa.

Pero este año, a pesar de los ertes, de los recortes presupuestarios, de los avisos permanentes que nos avocan a una catástrofe económica, de los miedos que llegan y son reales cada día, de los despidos, de las malas vibras, de los augurios nublados, las malas gestiones, las decisiones y obligaciones políticas, las restricciones, la OMS, el FMI y la realidad abrumadora que estamos viviendo, este año, debe ser diferente. Por primera vez en nuestras vidas, miramos el día del trabajo como si fuese nuestro primer día de trabajo. Estamos obligados.

“Necesitamos contagiar las ganas de salir, de activarnos, de volver a ser como realmente somos

El botón de restart. El día en el que la confianza, vuelva a ser protagonista de nuestras vidas. La realidad, irremediablemente, es la que es. Pero todos tenemos la capacidad de transformarla siendo nosotros mismos. Dice un cuento con moraleja conocido por todos que, al final, el escorpión mordió a la rana antes de llegar a la orilla. Porque no podía remediarlo. Porque iba en sus genes.

En los nuestros, en el de los españoles y todos los que vivimos en esta tierra llamada España, está el salir a la calle y relacionarse. El quedar, reunirse y celebrar. O hablar de la vida, que hoy no es poco. O conocer a alguien. O simplemente ir al trabajo e intentar que ese día sea mejor que el anterior. Sea como sea, nos debemos a la situación médica y a los que se nos han ido. A ellos les debemos mucho.

Pero en la parte económica, tampoco podemos escatimar. No ahora. No nadie. No las empresas a partir del 1 de mayo. Necesitamos contagiar las ganas de salir, de activarnos, de volver a ser como realmente somos, de tomar el café fuera de casa, de comprar esa camisa que dudábamos comprar, de ir a la peluquería, de atrevernos a coger el coche y viajar, o un avión, cuando nos dejen, y de ir a un hotel. De tantas cosas… Porque no irá bien a unos, si no nos va bien a todos. Y ser como éramos, será un gran revulsivo contra los ERTES, las reducciones presupuestarias, los malos vientos y toda la ceniza que tenemos que esquivar. Pero eso solo lo conseguiremos si todos arrimamos el hombro. No como una frase bonita. Como una realidad.

El 1 de mayo fue realmente el Día del Trabajo. De la activación del trabajo. De la vuelta a la realidad, después de esta película de ciencia ficción, terror o absurdo que estamos viviendo. Nos lo debemos todos a todos. Por eso, por mucho que nos cueste, debemos cada uno decirnos a nosotros mismos: “¡Levántate y compra!”

Yo pienso comprarme una camisa. Una talla más grande, me temo“.