‘La paradoja del reloj’

Pedro Herrero, Supervisor de Nuevas Tecnologías y Métricas de Equmedia, nos trae en exclusiva un artículo de opinión donde indaga en el amplio mundo del análisis de datos. ¡No te lo pierdas!

“¿Qué es más exacto? ¿Un reloj que se atrasa un segundo cada día, o un reloj que está parado?. Esta es una paradoja que he escuchado/leído muchas veces a lo largo de mi vida. Supongo que la primera vez que la vi fue en algún momento entre el instituto y la universidad… Pero lo cierto es que no me acuerdo cuándo fue exactamente. Lo que está claro es que es bastante conocida.

Como ocurre con todas las preguntas paradójicas, la solución no es tan trivial como parece. Analicemos el enunciado (rememorando prácticas de la vida del estudiante):

  • Tenemos dos relojes (suponemos que analógicos).
  • El primero está parado. Siendo así, sabemos que va a dar correctamente la hora dos veces al día, porque las agujas no se mueven.
  • El segundo se retrasa un segundo al día. Por tanto, el primer día da la hora exacta. Pero, a partir de ahí, ya no la vuelve a dar hasta… A ver… [búsqueda en Google]: 86.400 días más tarde.

Bueno, pues ya está claro. Parece que acierta más el reloj parado. Aunque, claro, si tuvieses que tomarte una medicina todos los días a la misma hora, ¿de cuál de los dos te fiarías más? 

Me parece que volvemos a tener dudas…

Como en casi todo, todo depende del contexto en el que se mire. Y también depende de cómo de “rígido” sea el motivo por el que miramos al reloj. De hecho, si miramos el reloj al día siguiente, apenas notaremos la diferencia de hora. Es más, tendrían que pasar dos meses para que notemos un minuto de diferencia. En un año, habrá una diferencia de 6 minutos. Creo que en casa tengo algún reloj que está más alejado de la realidad que esto.

Si has llegado hasta aquí, te estarás preguntando a qué viene todo esto. Estamos en una publicación sobre publicidad y marketing, no sobre filosofía o matemáticas… 

Bueno, el caso es que, cuando utilizamos datos para sacar conclusiones, la verdad es que estamos trabajando con “relojes estropeados”. Maquinaria que se atrasa y que no nos da la fotografía en tiempo real, sino que son imágenes de lo que ha pasado antes. Y, sin embargo, funciona.

Haces un análisis, preparas unas estimaciones, calculas unos GRP’s y, más o menos, si todo está bien hecho y no hay cambios externos, se suelen lograr los resultados esperados.

¿A qué se debe esto? Pues a que estos datos que usamos, de manera general, realmente son muy estables. Normalmente, una persona que se compra un diario todos los días no deja de hacerlo.

De hecho, en un mundo ideal tendríamos datos al minuto de todo. Pero ni vivimos en un mundo ideal, ni compensa el esfuerzo económico que supondría hacer esto (además de que dudo que fuese posible de una forma técnica).

Pero, ¡cuidado! No todos los datos envejecen así de bien. ¿Y si estamos hablando de ventas? ¿O visitas a una web? ¿O cómo se está comportando un producto en el final de su ciclo de vida, tomando como referencia el lanzamiento?

Por todo ello, volviendo a la paradoja del comienzo, antes de lanzar cualquier conclusión, debemos tener en cuenta dos cosas: cómo de atrasado está el reloj y si nos va servir para tomarnos la pastilla más o menos a tiempo”.

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