“La columna que nunca quise escribir”

Alberto Jaén, CEO de plus305, ha querido escribir a su amigo Miguel Ángel Furones en un acto de pequeño homenaje tras su reciente fallecimiento. Va por ti, Miguel Ángel.

“Es de noche, estoy solo, enfrente del ordenador y no paro de pensar en todo lo que le debo. Puedo ser muchas cosas en esta vida pero nunca podré decir que yo me he hecho a mí mismo. He tenido la suerte de tener cerca personas que me inspiraron y ayudaron en el camino. Miguel Ángel fue maestro, confesor, amigo y protector. Se fue, y me siento triste, con un nudo en la garganta y sensación de vacío. Quiero creérmelo pero sus recuerdos le mantienen lleno de vida y con la misma energía de siempre. Algunas personas se van habiendo tocado el corazón de muchos, tienen la suerte y la virtud de enamorar con sus palabras y sus hechos. Tenía ese aura de los que llegan lejos manteniendo su cercanía.

Encontré mi pasión por este trabajo gracias a dos personas, mi padre y Miguel Ángel. Ambos trabajaron juntos en Vitruvio (cuando se llamaba Vitruvio 30) y por eso Miguel Ángel me conocía desde que tenía cinco años. Mientras mi padre me abría la puerta de la creatividad y la redacción, Miguel Ángel me sentaba a comer en la mesa de los mayores y me daba la primera oportunidad.

Hoy recuerdo tantas conversaciones, tanta sabiduría concentrada en cada charla que a veces después de una comida o una cena juntos apuntaba frases suyas para no olvidarlas. Generoso en sus gestos, siempre dispuesto a ayudar, a conectar, a darte la confianza que necesitabas. Generoso en amistades, gracias a él cuento con amigos que admiro en diferentes partes del mundo que me ayudaron en diferentes momentos como Michael Conrad, Alex Okada, Juan Carlos Ortiz, Basil Mina… por nombrar solo unos pocos.

Él me enseñó que los negocios no son negocios, son personas. Él me enseñó que esta profesión es una carrera de fondo, que no hay que tener prisa sino tener visión. Confió en mí mucho antes de que yo tuviera confianza en mí mismo. Me acuerdo de la primera vez que decidí irme a trabajar a Estados Unidos, el día antes hablamos y me dijo sonriendo: “tranquilo, no tienen mejores ideas, solo hablan mejor inglés”. Conseguía la mezcla perfecta de calma y seguridad. Sabía qué decir en el momento adecuado. En fin, nadie llega tan lejos por casualidad. Nadie es admirado por tanta gente en todo el mundo sin tener ese algo especial que solo los campeones tienen.

Tenía magia, se sentía a gusto en el escenario de la vida porque era un buen director de orquesta como su hijo Fer. Recuerdo otro día comiendo en un restaurante de Madrid, se acercó un hombre a saludarle efusivamente, al levantar la mirada me di cuenta que era un ministro. Esa misma comida, un chaval muy joven, un junior tímido y nervioso se acercó a él, y Miguel Ángel le saludó y le dedicó el mismo tiempo y la misma efusividad. En el coche lo comentamos y siempre repetía: “en la vida tienes que aprender que todos somos igual de importantes”.

Decía Facundo Cabral que la gente no fallece, simplemente se nos adelantan. Miguel Ángel, allí donde estés, espero que puedas ver el mar de Menorca, disfrutes de un buen vino y puedas seguir escribiendo tu siguiente novela. Aquí somos muchos los que te hemos querido y admirado, somos muchos los que te decimos adiós sin querer decirlo, quienes no podemos dejar de pensar que no era el momento, todavía no. Gracias por el tiempo que nos diste. Eres único. Eres irrepetible. Eres inolvidable.”

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