La coherencia en desuso

Marisol García, Directora de Selfie (Grupo Entusiasmo), nos muestra en el último número impreso de La Publicidad, su visión sobre la coherencia en el sector publicitario respecto a la comunicación.

En cualquier ámbito de nuestra vida, sea cual sea el entorno personal o profesional en el que nos desenvolvamos, el “uso” de la coherencia resulta imprescindible para inspirar credibilidad y dar solidez a nuestros posicionamientos. Si nos centramos en la parcela educativa, las disonancias entre lo que se traslada a los menores a través de conversaciones, consejos e incluso, órdenes, y el ejemplo que ofrecemos con nuestra conducta diaria, pueden tirar por tierra nuestros intentos de ejercer influencias saludables y éticas. Aquel estribillo que cantaba Serrat: “eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca…” debe ir en consonancia con lo que los adultos vamos soltando por la boca y con nuestras propias acciones.

En el caso de los mensajes que, gracias a la labor de las Agencias, las marcas trasladan al consumidor, la coherencia es vital para no romper ese hilo de confianza al que toda enseña aspira a mantener con sus clientes. Mensajes publicitarios o acciones de relaciones públicas sobre productos y servicios cuyos valores y atributos han sido engordados artificialmente, sitúan a las marcas en una posición de vulnerabilidad peligrosa. Hoy en día hay muchas herramientas para difundir mensajes y viralizarlos, pero de la misma manera que logras ganar titulares o post de influencers y conformar una imagen a golpe de esfuerzo publicitario, de marketing y de comunicación, también estás más expuesto a que queden en evidencia tus mentiras o inexactitudes. Es entonces cuando se cae en el abismo del descrédito y la mala reputación, un pozo del que resulta luego mucho más difícil salir.

“El uso de la coherencia resulta imprescindible para inspirar credibilidad y dar solidez a nuestros posicionamientos”

La actualidad política y el goteo de titulares que últimamente sufrimos, resaltan esa falta de coherencia entre lo que se pregona fervientemente y lo que luego los medios se apresuran a evidenciar amparados por la hemeroteca. Lo que ayer era seña de identidad y proclamado fervientemente enarbolando la bandera de la gestión íntegra y preñada de valores éticos, choca frontalmente con la corruptela probada posteriormente o la clara incoherencia entre el argumentario defendido “a capa y espada” y la realidad desvelada. El rosario de ejemplos es tan amplio, casi nos desayunamos con ellos todos los días, que resulta innecesario.

En el caso de la comunicación de las marcas y de la gestión de su reputación, el punto número uno del “manual de uso” que toda agencia debería asimilar a la hora de crear la historia de su cliente, debe estar hilvanada con el pespunte de la coherencia entre lo que realmente es, hace y quiere la firma, y lo que luego vierte en sus notas de prensa, declaraciones, creatividades publicitarias y encuentros con medios. Sentido común, ni más ni menos.