‘La Charca Literaria’ ha dado fruto a ‘Vida subacuática’

‘La Charca Literaria’ acaba de cumplir cuatro años como espacio de libre creación y lugar de encuentro para amantes de las letras y el chapoteo, como les gusta decir. Se trata de una página web gratuita, una revista digital abierta a la colaboración y la lectura, cultivada por personas de buen trato, versátiles y nada académicas. Un espacio en el que se publican dos textos cada día, de lunes a viernes, de ya muchos autores.

En esta charca cohabitan todo tipo de organismos: algas unicelulares, protozoos, ranas y sapos, libélulas, mosquitos, pececillos y tortugas, enhiestas aneas, inquietantes aves y un sinfín de gusarapos. Cada bicho puede sumergir sus textos en la charca, a la espera del lector casual, que, además, tiene la posibilidad de valorar e interactuar con los mismos por medio de las páginas de Facebook y Twitter que tienen abiertas a tal efecto.

La persistencia durante tan largo tiempo de creación y lectura ha dado fruto a una colección de textos tan ingente que a los promotores y a alguna que otra cabeza un tanto arriesgada, se les ocurrió la descabellada idea de hacer una selección de ellos para publicarlo en eso que algunos empiezan a considerar un antiguo objeto del pasado: un libro en papel.

Financiado con soltura por micromecenazgo, el proyecto ha dado su fruto y se ha convertido en ‘Vida subacuática’, un libro en el que se han zambullido muchos de los habituales colaboradores de la revista digital y que va dirigido, no solo al ego particular de cada uno, sino, sobre todo, a los más de mil seguidores que cada día siguen las andanzas literarias, poéticas y ensayísticas de los distintos autores.

Una de las virtudes de ‘La Charca Literaria’ es su burbujeante diversidad: en ella cohabitan ensayos cinéfilos, reflexiones urbanísticas, biografías nada ejemplares, voces poéticas que a veces lloran y otras cantan, cuentos terroríficos y distopías futuristas, cartas desesperadas, pasatiempos que detienen los relojes, relatos pequeñitos que erizan el pelo, vivencias mal digeridas y, también, historietas de humor.

Cada día podemos desayunarnos con las ocurrencias de autores, que pertenecen a todas las castas y geografías. Los hay de Madrid, Valencia, Ciudad Real, Córdoba, Barcelona, Gijón… e incluso de países como Argentina y Uruguay. Algunos con caché literario de postín, otros que se inician ahora en el arte de vivir contando.

En común comparten la ambición por la calidad de los textos, su brevedad (ha de dar tiempo a leerlos en el trayecto de un suburbano) y la voluntad de sonrojar mejillas, provocar palpitaciones y despertar polémicas con el vecindario. Una mirada cómplice y mordaz, muy a menudo maliciosa, que ahora tiene un referente palpable y manoseable: un libro exquisito que puede acompañar a esos otros libros huérfanos que llenan la biblioteca de cualquier aficionado o aficionada a la lectura.