¿Haces de tu pueblo una oficina de trabajo?

El futuro ya está aquí y ha llegado de la mano del teletrabajo, de la capacidad de trasladar nuestra residencia cada cierto tiempo sin cambiar de empleo (el nuevo nomadismo), de los destinos inteligentes y de un cambio de mentalidad en la cultura empresarial que será esencial para abrazar la última revolución humana.

La tercera jornada de la segunda edición de `Conversaciones Condé Nast Traveler´ ha entrado de lleno en esta revolución transversal que se ha acelerado de forma exponencial con la pandemia. Las fronteras entre oficina y hogar, mundo físico y virtual e, incluso, entre urbanitas y amantes de lo rural, se han diluido. Y parece que para bien. Todo ha cambiado… ¿o es que los que hemos cambiado hemos sido nosotros?

Las grandes ciudades ya no son la respuesta a todas las preguntas

Cuando se empieza a vislumbrar un nuevo horizonte post pandemia, toca parar y pensar. ¿Qué ha sucedido en este tiempo? ¿Hacia dónde queremos ir tras este punto de inflexión vital? La respuesta parece estar en una nueva concepción de vivir, de viajar y de trabajar.

Bajo el título `La ciudad no es para mí´  los expertos en la materia: Carlos Jonay Suárez, consultor de estrategia digital y cofundador de Pueblos Remotos; Nacho Rodríguez, fundador de Nomad City y Raquel Sánchez, relaciones públicas, han puesto sobre la mesa las calves de este nuevo paradigma, así como sus pros y sus contras.

Lo primero de todo, ha sido aclarar la diferencia entre dos términos que son complementarios “pero que no se están fusionando aún”, en opinión de Raquel Sánchez.

Teletrabajar supone trabajar fuera de una oficina; no tener que desplazarte a ella a diario, mientras que ser un nómada digital redimensiona el concepto; implica que un trabajador puede desplazarse e ir cambiando de residencia según vayan cambiando su vida o sus necesidades, sin tener que cambiar, necesariamente, de empleo.

“El 73% de los empleados a día de hoy está teletrabajando. ¿Por qué estar en un piso en Madrid cuando, a todos los efectos, puedes trasladar tu residencia a otro destino y planificar acudir a una reunión cuando sea necesario?” ha lanzado esta Raquel Sánchez. La emprendedora ha asegurado, también, que el disfrutar de un entorno de tu elección es un estímulo impagable para trabajar mejor: “Tenemos delante una oportunidad de mejorar nuestra calidad de vida y, por supuesto, nuestra creatividad en un 20% y nuestra productividad en un 12%. La belleza de un lugar de nuestra elección es un poderoso estímulo que no hay que despreciar”. Este concepto lo ha bautizado como `trabajaciones´.

Nacho Rodríguez (Nomad City), por su parte, ha señalado el salto cualitativo que se ha vivido este año: “Este año hemos experimentado una explosión del teletrabajo y hemos empezado a romper el estigma que había al respecto, pero aún hay un gran desconocimiento. Teletrabajar no es sinónimo de quedarnos metidos en casa. Podemos hacerlo desde un pinar, desde una playa o desde un espacio de coworking que nos pille más cerca de casa que nuestra oficina”.

La cuestión aquí es si las empresas están de verdad preparadas para este cambio de paradigma. ¿Y los destinos?

Carlos Jonay Suárez (Pueblos Remotos) asegura que aún falta un poco para que esta nueva realidad tenga su reflejo pleno en la sociedad. “Se han dado grandes pasos. A principios de 2020 el teletrabajo y el nomadismo digital eran realidades impensables en España. Era algo impensable fuera del mercado americano, pero en apenas una semana de marzo pasamos de un 4,3% de teletrabajadores a un 33%., lo que indica que, técnicamente, es viable”.

Su declaración pone de manifiesto que el escollo está en la barrera cultural. Para poder consolidar esta nueva tendencia que, auguran, llega para quedarse, es esencial un cambio de mentalidad entre los empresarios: “Es esencial capacitarles. Los jefes muchas veces no saben dirigir equipos en remoto. Les entra una tremenda ansiedad ante la pérdida de control que supone el teletrabajo y eso es por falta de formación al respecto. Ha llegado el momento de abandonar la zona de confort y los modelos de presencialismo rígido de la revolución industrial y del trabajo en las fábricas”, sostiene Nacho Rodríguez.

La confianza es otra de las claves de este nuevo escenario. En boca de Carlos Jonay Suárez: “Para que se materialice el cambio y estemos listos para que estas fórmulas de trabajo lleguen a un porcentaje elevado de la población –cosa que calculo se dará en 2 o 3 años  – es primordial que los jefes confíen en sus profesionales. Confianza, flexibilidad horaria y capacitación son los pilares”.

Nacho Rodríguez introduce una nueva variable: la normativa necesaria. “Hasta la pandemia ni siquiera existían leyes regulatorias al respecto. Han de desarrollarse y han de ser globales, como global es la movilidad de los trabajadores entre los diferentes países”.

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