Francisco José González pide el aplazamiento de la asamblea de la Academia de la Publicidad

Paco González, socio de la Academia de publicidad, pide aplazamiento de la asamblea de la Academia de la Publicidad, y a la vez busca consenso y concordia en un nuevo comunicado. El escrito dice así:

«Sirva este artículo de penúltimo ruego al presidente de la Academia de la Publicidad,  Félix Muñoz, y a su Junta Directiva para que suspendan la celebración de la asamblea  que tienen prevista para mañana miércoles 19 de enero de 2022. 

Y quede, una vez más, constancia de que es un ruego. Un ruego que no puedo presentar  en la propia asamblea porque el punto reservado a los ruegos aparece en el último lugar  del orden del día y ya no tendría sentido proponerlo.  

Este ruego lo hago, exclusivamente, en aras del bien de la Academia de la Publicidad y  de sus órganos de gobierno. Aún están a tiempo de acceder a él. Será bueno para todos  y, además, demostrará buen juicio, voluntad positiva y ánimo de consenso. 

Todos conocen de sobra mis repetidos intentos por conseguir ese consenso, por el que  vuelvo a abogar aquí y en el que he insistido tanto de palabra como por escrito ante la  Junta Directiva de la Academia y ante la opinión pública. Sin consenso, la Academia no  tiene futuro. No veo viable que la Academia sobreviva a una permanente lucha fratricida  que socave sus ya debilitados cimientos: es imposible que salga adelante sin que, como es el caso actual, una parte fundamental de sus principales socios, de quienes crearon  la institución y de aquellos que la prestigian con sus títulos de académicos de honor, la  respalden. Enconar una situación como esta solo lleva al cisma, a la secesión… o a la  insignificancia. Y, tal vez, a lo que aún sería peor: a su desaparición definitiva. 

No hay soberbia ni sentimiento de orgullo mal entendido que justifiquen, en conciencia,  un resultado tan nefasto. Sobre todo, porque la solución es sencillísima. Se llama  transparencia y diálogo. 

La transparencia consiste en contar las cosas como son, con naturalidad y de forma  sincera y abierta, sin ocultar hechos relevantes ni disfrazarlos de lo que no son. Con esa  fórmula solo se consigue generar desconfianza y que se llegue a pensar en razones  extrañas que, sin ser reales, no es raro que sean imaginadas por quienes ven cómo les  esconden evidencias que, inexorablemente, acaban saliendo a la luz. 

Y el diálogo es eso: diálogo, no monólogo. Es buscar el consenso, aceptar la mano  tendida por aquellos que mantienen una postura crítica positiva, para hablar con ellos y  hacer todo lo posible por encontrar soluciones satisfactorias que permitan un futuro  viable. 

Es muy, muy sencillo, de verdad. Y, ahora, paso a explicar las dos razones fundamentales de mi ruego. Son dos razones  muy poderosas, pero de distinta naturaleza. 

  1. La primera es una razón de forma.  

La Asamblea General Extraordinaria del 19 de enero de 2022 no ha sido correctamente  convocada. No se ha respetado para su convocatoria lo estipulado en nuestros vigentes  estatutos (que por muy necesitados de reformas que estén son por los que, de  momento, tenemos que regirnos). 

Probablemente ha sido por la prisa, por esa extraña urgencia en resolver por una vía  rápida, irreflexiva y fronterizamente democrática el asunto de mayor calado que puede  existir en una asociación como la nuestra: la norma fundamental por la que se rige. Porque no había ninguna prisa, señores. Ninguna. Lo que sí había (y aún hay) es la  necesidad de hacerlo bien, reflexionando, escuchando, incorporando sugerencias  acertadas, corrigiendo, pensando… En fin, todo eso a lo que no se daba pie con esta  premura desmedida que no admite serenidad alguna en el juicio. 

Pero, sea por la prisa o por otra causa (que también es posible), el caso es que la  convocatoria no está ajustada a derecho ni es pertinente. 

Por lo tanto, si insisten en llevarla a cabo, no faltará quien, legítimamente, la impugne (hay razones de peso para hacerlo, de las que parece no ser consciente la Junta  Directiva). Y todos sabemos lo que significa una impugnación de este tipo en una  asociación sin ánimo de lucro: un largo período de impasse que, en la práctica,  provocaría la paralización de la actividad eficaz de la Academia. ¿Es eso deseable?  Obviamente, no. 

Así que les ruego que suspendan la celebración de esta próxima asamblea. Será una  decisión sensata y una prueba fehaciente de buena voluntad por su parte. 

2. La segunda es una razón de fondo. 

Bien es cierto que esta segunda razón es ya ociosa, teniendo en cuenta la primera, pero  no quiero dejar de mencionarla porque viene, en cierto modo, a ratificar lo comentado  anteriormente. 

La propuesta de modificación de estatutos presentada por la Junta Directiva incluye una  serie de mejoras (en mi opinión personal) con respecto a la redacción de los estatutos  vigentes, lo que me parece positivo. Pero, de igual forma, contiene (siempre desde mi  punto de vista) algunas contradicciones, varios puntos desafortunados o innecesarios y  otros que me parecen contrarios al espíritu (quizá, incluso, a la letra) de la Ley Orgánica  1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación. 

A mí me parece muy probable que, pese a haber sido hecha esta propuesta de  modificación con la mejor de las intenciones, no ha contado con el tiempo necesario  para reflexionar con calma sobre la redacción, el contenido y el sentido de los textos que  se plantean, sin duda, porque el procedimiento elegido no ha sido el idóneo.  

¿Qué cuál era el idóneo? Pues, por ejemplo, el que se sigue para aprobar una ley, y que  pasa por sucesivas etapas (presentación del proyecto, enmiendas, debate, ponencias,  comisiones, etc.). Sin ellas es imposible perfeccionar su contenido, reflexionar sobre él,  analizarlo desde la perspectiva de su totalidad, evaluar su espíritu y su literalidad, valorar su adecuación a los objetivos que persigue y, lo que no es menos importante, conocer a  fondo la opinión de los socios de la Academia y su grado de satisfacción con el cambio. 

Con la fórmula tan poco sofisticada (digámoslo así) que se está proponiendo para la  eventual aprobación de cada uno de los artículos (uno a uno y por separado, además),  no se puede garantizar, en absoluto, un resultado conveniente sino que corremos el  riesgo de obtener un apaño/componenda poco ortodoxo y de dudosa eficacia, con  reminiscencias de eso que el diccionario de la Real Academia Española define como un  ‘trabajo hecho mal y sin esmero’. 

Pero, como ya he dicho, todo esto, siendo importantísimo, carece de relevancia, al  considerar la primera razón como causa más que suficiente para recomendar que se  proceda a la suspensión de esta asamblea. 

Evito reproducir en este escrito las recientes comunicaciones que, a través de cartas  abiertas, publicaciones en redes sociales y diversos tipos de comunicados, están  transmitiendo, en este mismo sentido, otras personas. Yo mismo he leído a figuras tan  respetables y vinculadas con la Academia como lo son Fernando Herrero, José Ángel  Abancens, Juan Carlos Falantes, Edmundo Montero y la propia plataforma Publicitarios  por la Academia, peticiones muy razonables en esta dirección. No sería acertado desoír  sus voces. Saben muy bien de lo que hablan y deben ser escuchados. 

Y sí, me parece que seguir adelante con la celebración de la asamblea podría llegar a  constituir un episodio de conducta temeraria. En especial, ahora, que ya se conocen los  riesgos que todos (y, muy en particular, nuestra Academia) corremos si no se corrigen a  tiempo los errores que estamos a punto de cometer. 

Es fácil: solo se necesita la voluntad de quien puede dar el paso en beneficio del sentido  común. Yo, se lo ruego encarecidamente«.

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