El siglo se hace mayor de edad

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Ahora que el siglo va a cumplir 18 años es tiempo de reflexionar sobre por donde va a encarrilar sus pasos cuando ya tendría que tener el suficiente bagaje de experiencia y desarrollo para marcar una pauta de actuación. ¿O no es eso lo que conlleva la mayoría de edad?. Sus habitantes no deberíamos repetir el fenómeno de las burbujas, aunque parece que no escarmentamos y seguimos tropezando en la misma piedra.

Lo digo a cuenta de la moneda virtual, que lo mismo que ocurrió en los primeros años 2000 con las .com va camino de hacer de oro a unos pocos “enteraos”, que diría un castizo, y arruinar a los más, igual que los que cayeron entonces como moscas en el señuelo vaporoso de un humo que era mayormente eso: humo. Si no que se lo pregunten a la mayoría de compradores.

Por ejemplo, sus habitantes deberían desterrar, en su más radical acepción, términos que suenan a nuevo y que esconden el mismo y terrible significado que tuvieron durante los tremendos regímenes totalitarios del siglo XX. Me refiero a palabrejas como “posverdad, fake, verdad judicial versus verdad política” etc., etc.

Esos “palabros” sólo tienen el significado de bulo, rumor, falsedad mentira… Y se utilizan
con un desprecio terrorífico por la verdad, por la información contrastada, por el rigor profesional, por el honor que significa asumir la comunicación mediante una firma real.

A mi modesto modo de ver las cosas, la utilización de esas desgraciadas ideas, desde la tergiversación de la verdad al bulo, nada tienen que ver con la libertad de expresión y mucho menos con la misma libertad. Si tienen que ver con intereses espurios emboscados en el anonimato que se deben desterrar de nuestro acervo personal y profesional.

Por ejemplo, sus habitantes, algunos de sus habitantes, y me refiero a los gestores de ventanas de comunicación tradicionales como el papel,deberían, de una vez, habilitar planes de negocio que no consistan únicamente en cercenar plantillas y, dentro de ellas, a los profesionales con más experiencia, de modo que cada vez es más difícil leer un diario que tenga la calidad exigible a un medio de comunicación y opinión.

Por ejemplo, sus habitantes no deberíamos ser tomados por tontos por determinadas campañas, no todas por supuesto, de lo que ahora se denomina publicidad nativa y que despiden un tufo a publicidad mal hecha, en vez de a noticia interesante, que hace contraproducente el mensaje.

Por ejemplo, sus habitantes usuarios de la comunicación, incluso el propio mercado, no deberían ser zarandeados con un aluvión de lo que no dejan de ser sagas, dentro de los medios, que no nos interesan porque lo verdaderamente relevante no es como se llama quien controla uno o varios soportes, sino que sepamos quien es, cuales son sus intereses y que sesgo puede tener la opinión que transmita , tanto para seguirla como para rechazarla.

Por último y también por ejemplo, este escriba podría dejar de darles la vara con sus obsesiones de siempre, aunque él las llama de otra manera, por descontado, y contarles algo más interesante. En cualquier caso un servidor y su alter ego, cuyo nombre no viene a cuento, y les deseamos, de todo corazón, un magnífico año 2018.

Que sean felices.