‘El que parte y reparte…’

Pedro Herrero, Supervisor de Nuevas Tecnologías y Métricas de Equmedia, nos trae en exclusiva un artículo de opinión donde indaga en el amplio mundo del análisis de datos. ¡No te lo pierdas!

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“¿Sabéis esto de que estáis hablando con una abuela sobre sus nietos y resulta que todos son los más guapos, los más listos y los “más mejores” del mundo mundial? ¿No os ha pasado nunca? O, siguiendo en la misma línea, estar hablando con alguien y tener que decirle (o pensarlo): “tú no tienes abuela, ¿verdad?”. 

Seamos claros. En términos generales, hay quien sabe cómo venderse, y lo hace muy bien y, si no sabes cómo venderte tú, ya tendrás a algún familiar o amigo que lo haga por ti. Lo malo es que esto también se aplica a los estudios y análisis. 

En muchas ocasiones, buscando información sobre un determinado tema, nos podemos encontrar artículos maravillosos, que parecen ajustarse exactamente a lo que necesitamos en ese momento. Incluso son artículos que aparecen en las publicaciones de referencia de sus determinados sectores… Y, sin embargo, muchos tienen una trampa por debajo.

Como hemos dicho en otras ocasiones, cuando nos encontremos con un estudio debemos preguntarnos por su ficha técnica. En esta debería venir la muestra (si es una encuesta), a quién se ha realizado, el error que se le supone, quién ha hecho el estudio, etc. Pero también es importante saber quién lo ha encargado.

¿Y qué más da quien haya encargado un estudio? ¿Los resultados no deberían ser los mismos?. Efectivamente, los resultados deberían ser los mismos. Pero, al igual que ocurre con el refrán de los optimistas, los pesimistas y el vaso medio lleno o vacío, todo cambiará mucho según quien haya redactado el informe. 

Hay ejemplos de esto casi todos los días con los analistas políticos de unos soportes y otros. ¿Cómo es posible que, bajo una misma encuesta (por ejemplo, la EPA), se hagan lecturas tan distintas? Pues es tan sencillo como porque, con la simple agregación de unos datos con otros, o algunos cruces, siempre se va a poder sacar una visión positiva y otra negativa.

Habitualmente, cuando nos encontramos con un estudio, este no nos proporciona los datos brutos para que nosotros saquemos resultados. Estos datos ya vienen tratados, con unas tablas y gráficos específicos. ¿Son falsos esos datos que nos representan? No necesariamente, pero sí es posible que nos estén enseñando únicamente el resultado que vende lo que la empresa que ha encargado el estudio quiere vender, y lo que no sabremos es si, por detrás, hay 20 datos negativos.

Y digo todo esto sin entrar en cómo se preguntan las cosas en los estudios y análisis. Porque no es lo mismo preguntar “¿Considera usted sana una comida que incluye hidratos de carbono, verduras y proteínas?”, que lo que te pregunten sea: “¿hasta qué punto considera negativo para su organismo comer un alimento ultraprocesado realizado con subproductos alimenticios?”, aunque en ambos casos la pregunta se refiera a una pizza congelada de verduras con jamón.

En definitiva, es muy fácil dejarse llevar en el momento que encontramos algo y pensar que se ajusta a los datos que necesitamos, en especial si esos datos corroboran lo que tenemos en mente. Pero hay que ser exquisitamente cuidadosos, porque un mal análisis inicial nos puede llevar unas conclusiones erróneas que desemboquen en decisiones pésimas.

Volviendo al refranero español, no olvidemos nunca que “el que parte y reparte, se lleva la mejor parte”, y esto se aplica también a al análisis de datos”.

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