‘El creativo sin ego’

El pasado 6 de Julio fallecía uno de los creativos más reconocidos en el mundo de la publicidad; Jaime Silanes. Hoy Rafa Pola, Publicista y Periodista, quiere rendir homenaje a su amigo con unas sentidas palabras.

Cuando yo entré de botones en Arge, Jaime ya era director creativo; algo que, más adelante, seguiría siendo durante toda su larga vida profesional en Publicis. Director creativo, primero; director creativo ejecutivo, después; y, siempre, creativo.

Jaime fue un gran creativo en el más amplio sentido de la expresión. Un creativo sin ego, sin imposturas, ni poses, ni divismos de ningún tipo; capaz de crear un gran concepto para alimentar durante años a una gran marca, pero también de resolver, personalmente, una engorrosa promoción coyuntural para un cliente modesto.  Un creativo orientado a las ideas, pero siempre sensible al negocio como ningún otro creativo que yo haya conocido.  Un creativo generoso, que, en todo momento, tutelaba, apoyaba y hacía crecer a los talentos jóvenes que se acercaban a él. Un creativo comprometido con la organización para la que trabajaba, hasta el punto de permanecer durante toda su vida en un mismo grupo de comunicación; y sin esa necesidad compulsiva que sentían algunos colegas suyos de hacer colección y exhibición continua –en su currículum– de siglas y más siglas de las empresas por las que habían pasado. Un creativo, de talante positivo y consensuador, que convencía con la calidad u oportunidad de sus ideas, pero que aceptaba y reconocía, sin mayor problema, la mejor ocurrencia del otro.

 A lo largo de los más de 30 años que coincidimos en la misma agencia, solo recuerdo una única vez en la que censuré algo a Jaime, y, paradójicamente, tuvo que ver con una de sus principales virtudes profesionales; que no era otra que su proverbial rapidez para generar ideas, y que, a veces, le llevaba a repentizar sus felices ocurrencias en mitad de la reunión de entrega de briefing del anunciante, haciendo que el cliente en cuestión, al ver tan fácil aquello de la creatividad, dejara de ponerla en valor, discutiendo su justiprecio.

Jaime fue, además, un creativo de enorme y contagiosa positividad, que ni en las circunstancias más estresantes perdía el buen humor y el optimismo. Podría citar muchas anécdotas para ilustrar aquella habilidad suya para animar y motivar al equipo en los peores momentos; pero me quedaré con la vivida una frustrante madrugada en la que no parecía surgir ninguna idea brillante de ninguno de los varios grupos creativos que estaban trabajando en la presentación de un concurso vital para la agencia. En un determinado momento, cerca ya de las cuatro de la mañana, y en medio de un prolongado, abrumador y estéril silencio,  Jaime se levantó repentinamente, y él que no estaba particularmente dotado para los coros y danzas, se lanzó  a bailar y cantar frenéticamente una rotunda jota aragonesa, que hizo que las paralizantes tensiones acumuladas, que nos atenazaban a todos, se disipasen instantáneamente, logrando que , luego de varios minutos de generalizadas risas liberadoras, todo comenzase a fluir maravillosamente. Aquella surrealista jota de Silanes consiguió que, en pocas horas, surgiesen más y mejores ideas que en toda una semana. 

Humildad, generosidad, practicidad, fidelidad…, cualidades todas ellas no solo difíciles de encontrar en un creativo, sino, en general, en cualquier persona, y que Jaime Silanes supo atesorar durante toda su vida, tanto en el ámbito profesional, como humano 

Quienes conocimos a Jaime y pudimos disfrutar de sus ideas y de su persona, nunca le olvidaremos”.

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