Crédito y Caución prevé una ralentización progresiva de China

Desde que inició la apertura de su economía, a finales de la década de 1970, China se ha convertido en un importante motor para la economía mundial con tasas medias de crecimiento superiores al 9% que no comenzaron a caer hasta 2010. El último informe difundido por Crédito y Caución enumera los diez factores que afectan al crecimiento de China y que sustentan el escenario de una ralentización progresiva que situará su tasa media entre 2031 y 2050 en torno al 2,5%.

A corto plazo pesará especialmente sobre la economía los efectos de la política de covid cero . Los estrictos confinamientos de los últimos años y el uso de vacunas menos eficaces han dejado una población con poca inmunidad. El informe prevé que China necesite más tiempo para estabilizar el número de casos que los dos o tres meses empleados por otros países tras abandonar las restricciones de movilidad. A eso se suma la crisis del sector inmobiliario , que representa el 25% del total de los préstamos bancarios. Aunque la Administración hará lo necesario para evitar el colapso del sector, su lenta recuperación seguirá ejerciendo presión sobre el crecimiento económico durante al menos cinco años. Además, el elevado endeudamiento de las administraciones locales y las empresas estatales representa un riesgo para la estabilidad financiera del país.

Crédito y Caución prevé que el impacto en el crecimiento económico de estos tres primeros factores, muy relevante en la actualidad, disminuya progresivamente pero otros factores afectarán negativamente a las perspectivas de crecimiento a largo plazo. Uno de los más relevantes será el envejecimiento de la población, que se mantendrá durante décadas y tendrá un profundo impacto en la economía. A ello se sumará el desajuste del capital humano: los trabajadores no cualificados contribuyeron en gran medida al crecimiento de China, pero cada vez son más las empresas que trasladan la producción manufacturera a países con salarios más bajos, como Vietnam, Malasia e India. Modernizar su industria sería la respuesta lógica de China, pero la mano de obra china tiene uno de los niveles de educación más bajos de los países de su entorno.

Además, el crecimiento de la productividad se ha estancado desde la crisis financiera de hace doce años y se ha incrementado el control del Estado sobre el sector tecnológico en un momento en que China tiene que competir con otros países asiáticos para atraer inversiones. El énfasis en la autosuficiencia mediante la doble circulación también podría ralentizar el crecimiento. Con esta estrategia, lanzada en 2020, China se centra más en el mercado interno, la circulación interna, sin abandonar su estrategia de desarrollo orientada a la exportación, la circulación externa. En un periodo de crecientes tensiones geopolíticas, esta estrategia de sustitución de importaciones puede ser comprensible, pero se hace a expensas de la eficiencia económica. 

Además de estos factores internos, el crecimiento económico de China se verá afectado por su relación con el resto del mundo. La conciencia de que las cadenas de suministro son vulnerables ha crecido con la pandemia. En su punto álgido, los cierres patronales en China y otros países interrumpieron el transporte marítimo internacional, crearon escasez de productos esenciales y provocaron un aumento de los precios de las materias primas. Muchos países de destino de las exportaciones chinas quieren reducir su actual dependencia para asegurar sus cadenas de suministro. Estrechamente entrelazado con la búsqueda de la autosuficiencia y la seguridad de las cadenas globales está el endurecimiento de la rivalidad geopolítica con Estados Unidos y la guerra comercial que dura ya más de cuatro años y ha entrado recientemente en una nueva fase más intensa.

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