Conoce a la primera influencer digital

Se llama Lil Miquela. Es brasileña y vive en Los Ángeles (EE.UU). Tiene 19 años y es «influencer». Para la revista ‘Time’ es una de las 25 personas más influyentes en internet. En Instagram le siguen 1,6 millones de personas y protagoniza campañas publicitarias para grandes marcas como Calvin Klein. Además de ser modelo, es también empresaria.

Su propia línea de ropa causa furor y se agota en minutos. Ha sido la reportera oficial del popular festival californiano Coachella, celebrado en abril, en el que entrevistó a Rosalía o J Balvin. Y, por si no fuera suficiente, está valorada en más de 125 millones de dólares. La joven parece tener por delante un futuro prometedor. O quizás no. Todo depende de lo que decidan sus creadores porque Lil Miquela no es real. Es una CGI («Computer Generated Influencer»), es decir, un «influencer» generado por ordenador, la última tendencia en el marketing de influenciadores.

El 2018 fue la consolidación definitiva de los «influencers» como medio de comunicación y plataforma publicitaria tras el «boom» de las redes sociales y la expansión de la tecnología móvil. Y es que los influenciadores digitales son capaces de difundir mensajes a sus seguidores con una influencia hasta ahora impensable. El negocio es redondo gracias a una ecuación infalible: una marca y un producto en manos de un «influencer» adecuado dan como resultado millones de ventas.

De hecho, se prevé que en 2019 la inversión en España en este sector supere los 100 millones de euros, triplicando lo facturado en 2018. “Se sustituye al tradicional prescriptor digital de carne y hueso por un personaje que se ha creado por ordenador. Esto es algo que ya se ha aplicado en cine, videojuegos o música”, explica Luis Díaz, director general de la agencia de Influencer Marketing H2H.

Lil Miquela nació en 2016 gracias a Brud, una «startup» de Los Ángeles respaldada por Silicon Valley. Cuando esta CGI empezó su actividad en Instagram, muchos dudaban de su realidad y esa incógnita aumentó aún más su número de seguidores. Sus creadores orquestaron un auténtico guión cinematográfico sobre su vida hasta que decidieron contar la verdad a través de una campaña publicitaria perfectamente orquestada: su amiga Bermuda le «hackeó» la cuenta para desvelar que Miquela no era de carne y hueso, como ella.

“La trama mantuvo enganchada a una audiencia que busca entretenimiento cuando consume una red social”, explica Díaz. Nadie daba crédito a la dura realidad porque Miquela posa en sus fotos como una auténtica modelo, sube contenido a su perfil, publica Instagram Stories y responde a comentarios y mensajes de sus seguidores.