Chopped con refrescos

52

Llega un nuevo punto de vista del Salomón, seudónimo bajo el cual profesionales del sector vierten libremente sus opiniones sobre diferentes campañas. ¡No te la pierdas!

Que las compañías van creado marca a través de su comunicación es algo fuera de toda duda, a pesar de existan productos con poco glamour como el chopped o los embutidos en general. Han pasado muchos años desde aquellas campañas de “Chorizos Revilla, un sabor que maravilla” y la comunicación de estos, en general, han variado poco. Hemos seguido intentando mostrar, a través de bodegones bonitos, lo ricos que están e intentando salvar la mala imagen de “pocos saludables” hasta que una marca como Campofrío cambió los códigos y salió de este círculo vicioso, a través de campañas de contenido social.

Recientemente ha lanzado una nueva comunicación de su producto Pavofrío en la que, en lugar de hablar a su público objetivo de las bondades de su producto, dan por supuesto que ya las conocen y hablan de los problemas a los que se enfrentan su colectivo de compradoras. Bajo el título de Fantasmas del más acá dan continuidad de a otras de gran repercusión como Deliciosa calma, con el claro objetivo de ayudar a eliminar los miedos a sus consumidoras. Una valiente estrategia que ha permitido dignificar su producto y aumentar su imagen de marca. Un modus operandi que para este sector tan difícil, como el del gran consumo, ha llamado la atención a algunos de sus competidores para que varíen sus habituales contenidos de sus spots. Es el caso de Argel que, a través de ingenieros, bailarinas, artesanos fabricantes de violines… que aman su profesión, intentan dignificar este sector y su marca. Eso sí estos elitistas profesionales no dejan de consumir embutidos. En fin, no creo que obtengan los mismos resultados que Campofrío pero está muy bien apostar sin complejos por lo que nos gusta.

Otro spot que se ha estrenado recientemente es “No bebemos para olvidar, bebemos para disfrutar”, de uno de otro de los anunciantes que más repercusión siempre tiene en publicidad: Coca-Cola. Una vez más vuelven a poner el foco de atención en los bares, y en esta ocasión se centra en las batallitas que solemos contar en ellos a nuestros amigos/as. Unas historias adornadas de tal manera que nos hacen sentir, un poco más si cabe, realizados en nuestras vidas y, como no, fantasmear de vez en cuando, una costumbre que nos encanta hacer muy a menudo. ¿Quién no magnificado una amor de verano alguna vez? ¿O hemos ensalzado el gol de las pachangas de fin de semana como si fuera el de la final de un Mundial? Reconozcámoslo. A todos nos gusta contar películas personales de vez en cuando, y qué mejor forma de hacerlo que en un bar de manera distendida. Porque, sin duda, España es, entre otras muchas cosas, un país de bares.

La marca hace tiempo que se asoció con las emociones y con la felicidad en concreto. En esta ocasión lo ha hecho con un sentir general en una campaña que habla de nosotros de una manera empática y emocional. De unas maneras acertada y de otras no tanto, Coca-Cola siempre ha sabido transmitir alegría en sus spots y, ahora también, en la asociación de esta al color rojo. Sus spots han sabido despertar algo en la audiencia. Con esto han sumado a la fórmula secreta de su refresco, la de su comunicación, en la búsqueda constante de las agencias por lanzar mensajes basados en la cotidianidad que hagan que nos sintamos identificados con ellos y les veamos de una manera amigable.

Coca-Cola siempre ha sabido transmitir alegría en sus spots

Al final se trata de que nos hagan sentir parte de las marcas ya sea a través del compromiso, como ha hecho Pavofrío, como por medio de mensajes inspiracionales que den luz y vida a nuestra vida llena de imprevistos, obligaciones, responsabilidades… Muchas lo han conseguido y otras lo intentan. Es el caso de, como ya hemos dicho en otras ocasiones, Casa Tarradellas o, e esta ocasión, de Cacaolat. La marca del refresco de chocolate apela al sentimiento de la irresistibilidad a través de divertidas imágenes con las que nos podemos identificar: Morder el pico de la barra de pan, empujar a alguien que pasa por el borde de una piscina, o hacer burbujas con la pajita de la bebida, son algunos de los ejemplos que muestran. Sin embargo, a pesar de lo oportuno del mensaje, la campaña se queda fría. Porque no están tocando un tema que importe, nos hablan de realidades banales en un mundo saturado de mensajes que necesitamos que nos impacten de alguna manera.

El resultado es la tontería por la tontería en una marca que, en mi opinión, necesita implicarse más con su consumidor dado el contexto político social al que se enfrenta y a la audiencia a la que se dirige. Su apuesta por este spot me deja un sabor agridulce: Dulce en lo que al chocolate se refiere y amargo porque no logra despertar nada en mi. Espero que sigan en esta línea pero que, poco a poco, den con el mensaje que me hagan quererla.