‘Baobabs, leones y la luna’

Desde el Periódico PublicidAD hemos elaborado un año más nuestro ‘Especial Agencias’, donde diferentes profesionales del sector ofrecen su particular punto de vista sobre el panorama actual de la publicidad. Hoy es el turno de José Arribas, director general creativo de Parnaso.

«Uno de los pocos tesoros que atesoro como adulto es haber logrado hacer sobrevivir al niño que habita en mí. 

Como niño adulto, disfruto descubriendo nuevos mundos de fantasía y creatividad gracias a la lectura de cuentos junto a mis mellizos Antoñete y Pepe. Narraciones e ilustraciones de las que este equilibrista desequilibrado aprende muchísimo.

Lo mejor de la lectura más allá del placer que supone sumergirse en una nueva historia, es la capacidad que tiene de hacerte reflexionar y de ofrecerte respuestas a preguntas no formuladas con anterioridad. 

Uno de los libros que más he leído en mi vida es El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. Lo habré leído más de 50 veces ya que es una de mis lecturas obligatorias de cada verano, porque me mantiene alerta en comprender la grandeza de las verdades que encierra dentro de sí, como los dibujos del elefante y el cordero o frases míticas como: “únicamente los niños aplastan su nariz contra los cristales”, “lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo”, “al primer amor se le quiere más, al resto mejor”, “a veces no hay inconveniente en dejar para un poco más tarde el trabajo; pero tratándose de baobabs, el retraso es siempre fatal”.   

Gracias a la lectura del cuento ¿A que sabe la luna? del escritor polaco Michael Grejmiec, editado en 2006 por Kalandraka, he alcanzado a entender un poco mejor el porqué de la obsesión de ciertos actores en la industria por tocar el pelaje de determinados trofeos. La narración del interesado esfuerzo colectivo de un grupo de animales por alcanzar a probar la luna ha sido esclarecedora.

Amigo lector para no hacer revelaciones que resten trascendencia al final de un libro que te recomiendo sobremanera, decirte que como en la vida, si importante es el inicio (mucha atención con los ojos…) más lo es el final.  

¿A que sabe la luna? Es un libro delicioso, cargado de enseñanzas que hacen reflexionar sobre el corporativismo. Confieso que como ilusionista desilusionado me veo identificado con el pez, con su visión del mundo y con su pragmática actitud para alcanzar el reto común que, como tantas veces en la vida, se logra de forma independiente alejado de la manada. Ya lo decía Saint-Exupéry en El Principito “caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos”. 

Moraleja: Si quieres la luna, tienes que perseguir, cazar y cobrar todo tipo de trofeos en territorios desconocidos. Si solo pretendes saber a qué sabe la luna, basta con que te límites a disparar en coto amigo con el viento a favor«.

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